Co. 1
CURBO es mi primera colección. Parte de cómo realmente empecé: soltando la mano sobre una hoja en blanco, sin moldes, sin reglas y sin saber nada del mundo textil. Cuando uno suelta la mano el trazo no sale recto; se curva. Y de ese gesto simple salió todo.
Idea central
CURBO representa mi inicio en el mundo textil. Es la traducción directa de esa etapa donde no había estructura técnica ni forma establecida, solo intuición, movimiento y mano suelta. Por eso quise que la primera colección fuese como partió todo: con curvas.
Colores
Los colores de CURBO los elegí porque se sienten espontáneos, directos y vivos. No son primarios estrictos, son tonos que para mí funcionan igual que ese primer trazo curvo, aparecen sin pensar tanto y sin buscar combinaciones seguras ni elegancia. Solo reflejan lo que sentía en ese momento.
Materialidad: Denim
Toda la colección está hecha en denim. Cuando partí hace años, decidí enfocarme en una sola prenda y en una sola tela, para lograr ser muy bueno en una cosa antes q medianamente bueno en varias. Por eso trabajé pantalones, y por eso elegí el denim como base: me permitió construir, probar y aprender desde un solo lugar, sin dividirme ni perderme entre tantas ideas.
Metodología creativa
Trabajo desde tres lugares:
Intuición: Entro al vacío y dibujo sin pensar tanto, sin reglas.
Reflexión: Algunas piezas nacen de pensar un concepto, sentir, etc, como la soledad, y a esta, buscarle forma, peso, dirección, etc.
Observación: Otras nacen de mirar algo puntual, un pájaro, una palabra, una tecla y transformarlo.
CURBO mezcla estas tres maneras en una sola colección.
¿Qué representan las prendas?
Al igual que todos los seres humanos, todos nos componemos de los mismos elementos, sin embargo, la diferencia entre unos y otros está en la distribución de estos mismos.
Las prendas de CURBO funcionan igual: comparten la misma base, pero ninguna es igual a la otra.
¿Qué quiero que sienta quien lo vea o lo use?
Singularidad, que para mí no es “ser auténtico” en el sentido tradicional. Ni siquiera sé si existe algo así como una autenticidad pura. Uno mismo puede convencerse de que es de una manera que no es, porque quiere serlo, porque le gusta cómo lo tratan cuando se muestra así, o porque necesita agarrarse de una idea para avanzar. Y eso también es válido. A veces uno llega a lo que es por intuición, y otras veces por prueba, error y hasta por actuar. Nada de eso le quita verdad.
La singularidad no es una esencia; es un proceso. Se arma, se desarma, se prueba, se descarta, se copia, se inventa, se fuerza, se encuentra. No me interesa si viene de una convicción profunda o de una búsqueda que todavía no llega a ninguna parte. Para mí, lo único que importa es que existe una diferencia, aunque sea mínima. Esa pequeña desviación ya es singularidad.
Por eso, cuando alguien ve o usa una prenda mía, no quiero que piense en “ser uno mismo” como un eslogan vacío. Quiero que entienda que cada pieza es única de la misma forma en que cada persona lo es: por construcción, por contradicción, por decisiones, por accidentes o incluso por cómo quieren que los vean. No hay una manera correcta de ser distinto. No hay una verdad que descubrir. Hay un camino que cada uno arma, aunque no le guste todo lo que encuentra.
Mis prendas funcionan igual. Comparten la misma base, pero ninguna termina igual. Algunas salen de un impulso real, otras de un error que quedó mejor así, otras de decisiones que no puedo explicar. Y todas son válidas. Así como cada persona tiene sus razones, claras, confusas o inventadas, para ser como es. Eso es lo que quiero que sientan: que la singularidad no es un resultado perfecto, sino un movimiento. Y que verse reflejado en una pieza no es encontrarse: es reconocerse en ese desorden.
En síntesis, lo valioso no es alcanzar una identidad definitiva, sino reconocerse en ese proceso imperfecto y cambiante.